«Las mentiras. ¿Por qué? y ¿Para qué?» Conferencia de Mª Jesús Álava en O Barco

El problema de la mentira será el eje principal de la próxima charla de los XVI Encontros Familia-Escola, que organizan la asociación socio-educativa Vagalume y el Concello de O Barco. Será el 26 de abril, a partir de las 19,30 horas, en el Teatro Lauro Olmo. El miércoles próximo, la psicóloga Marí­a Jesús Álava Reyes ofrecerá la exposición que tituló: «Las mentiras. ¿Por qué? y ¿para qué?».
El tema guarda relación con el último libro publicado por la ponente: «La verdad de la mentira». Antes, María Jesús Álava publicó otros muchos libros, como «El no también ayuda a crecer», «La inutilidad del sufrimiento» o «Las tres claves de la felicidad».
La actual edición de los Encontros Familia-Escola fue denominada «Neurociencia do comportamento» y consta de seis conferencias, siendo la de Alava Reyes la tercera.

Doce pautas para que el castigo a los niños no sea un castigo y sea más efectivo. Colaboración con La Opinión de Murcia

El objetivo final a la hora de corregir un mal comportamiento debe ser educar a los pequeños

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La conveniencia o no de los castigos en los niños es un debate antiguo y controvertido. Mientras algunos no son partidarios de recurrir a ellos, otros expertos en educación infantil consideran que sí pueden ser útiles en determinados casos. Apuntan, no obstante, que es necesario cambiar con refuerzo positivo el concepto de castigo.

«La opción más adecuada es plantear la situación no como un castigo sino como una oportunidad que se ofrece al niño para elegir portarse bien o no portarse mal y ganarse así­ algo especial», señala la psicóloga infantil Silvia Álava. «Si el niño se porta mal y no puede hacer algo que le gusta no se debe trasladar al menor la idea de que se trata de un castigo sino que el mensaje es que no se lo ha ganado», señala.

En cualquier caso, los expertos señalan para que un castigo resulte realmente efectivo y consiga el efecto buscado es necesario que los padres sigan una serie de pautas y tengan en cuenta estas consideraciones:

  1. No recurrir de forma constante a los castigos. Si se castiga por y con todo al niño éste puede entrar en un estado de desmotivación y el efecto conseguido ser el opuesto al deseado. Aplicar un castigo debe ser algo excepcional, no la norma. «Muchos padres abusan del castigo, confundiéndolo con buena educación. Con ello consigue que la situación empeore cada vez más», señala Álava.
  2. El castigo debe ser inmediato. Si el castigo no se realiza al momento y se aplaza unos días se corre el riesgo de olvidar ejecutarlo o que el niño ni recuerde el motivo además de que se pierde la posibilidad de que el niño se porte bien hasta que llegue el día del castigo.
  3. El castigo no debe ser muy largo. No es viable, por ejemplo, imponer un mes de castigo porque los padres no van a poderlo mantener y el niño puede considerar que si ya está castigado durante un tiempo largo no hay motivo para portarse bien.
  4. El castigo debe ser proporcionado. A menudo los padres caen en el error de dejarse llevar por el enfado inicial y recurren a una extrema severidad, imponiendo un castigo a todas luces desproporcionado.
  5. Castigos proporcionales a la edad del pequeño. Debemos tener en cuenta la edad del niño a la hora de aplicar un castigo. Hay que tener claro que no es lo mismo pedir una cosa a un menor de 3 años que a uno de 9.
  6. No castigar a toda la familia. Los castigos deben afectar exclusivamente al niño o niña que se han portado mal. No es conveniente que su castigo se extienda también a sus hermanos ni a la familia en general.
  7. Evitar los gritos. Gritar a un niño nunca es conveniente, tampoco a la hora de aplicar un castigo. Los padres somos un ejemplo para los hijos, de manera que si recurrimos de forma habitual a los gritos, los pequeños de la casa se acostumbrarán y recurrirán también a ellos en sus relaciones con nosotros, con sus hermanos, amigos…
  8. El bienestar de los niños, lo primero. Los castigos no deben suponer jamás un daño fí­sico para el niño. Tampoco deben humillar o afectar al bienestar o a la autoestima de los pequeños.
  9. Argumentar el motivo del castigo. Es necesario que expliquemos a los niños por qué se les castiga. Como indicábamos en estas lí­neas, no obstante, hay que intentar evitar la palabra ´castigo´. Es mejor argumentar que se trata de una oportunidad que damos a los pequeños para elegir portarse bien y obtener así una recompensa.
  10. No prometer regalos si se porta bien. Cuando hablamos de ofrecer una recompensa, los expertos señalan que no debe ser algo material, ya que sino les estaremos acostumbrando a obtener premios por conductas que deberán salir de forma natural. Los especialistas en educación infantil señalan que las recompensan deben ser por ejemplo jugar a su juego favorito, preparar su comida favorita, transmitirle nuestras felicitaciones por lo bien que se ha portado, dedicarle unas caricias y una gran sonrisa…
  11. Elogios cuando se porta bien. Debemos reforzar con mensajes positivos a nuestro hijo cuando se porta bien o realiza alguna acción positiva. El elogio reconforta la confianza de los pequeños, aunque también hay que destacar que tampoco es bueno sobrepasarse con constantes halagos.
  12. No prestarle atención cuando se porta mal. A menudo cometemos el error de centrarnos en el hijo que se porta mal, convirtiéndole en el centro de nuestra atención. Esta actitud puede provocar que el niño automatice su mal comportamiento para llamar de forma constante la atención de los padres. Una mala actitud es más fácil cambiarla si la ignoramos, mientras si por el contrario, una buena conducta es reforzada con elogios y premios.

Vídeo resumen del II FORO: Dirección de Personas «Empresa Afectiva, Empresa Efectiva»

Compartimos hoy el vídeo resumen del II Foro organizado por el Grupo Peñarroya sobre Dirección de Personas: «Empresa Afectiva, Empresa Efectiva» celebrado el pasado día 22 de marzo:

Nuevas fechas para el curso «Educa bien, siéntete mejor»

Abierto el plazo de inscripción para la próxima edición:` 22 de febrero de 19h a 20,30h

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Objetivos: 

De una forma práctica y amena, se abordarán las Reglas de oro que hemos de seguir en la educación y relación con nuestros hijos.

Profundizaremos en los errores que podemos evitar. Abordaremos la resolución de los principales problemas: el establecimiento de hábitos, responsabilidades y autonomía personal de los hijos, las reglas de juego en casa, normas y límites, el diálogo, el papel que juega la autoestima, relación con el colegio, sexualidad, drogas, amigos…

 “El objetivo principal es experimentar una VIDA PLENA CON NUESTROS HIJOS”.

Contenidos: 

  1. MÓDULO 1: CONDUCTA y CONFLICTOS
    • Cómo se analizan los problemas de conducta
    • Por qué se producen y cómo se solucionan
    • Resolución de conflictos, afecto y apego por encima de todo…
  2. MÓDULO 2: NORMAS Y LÍMITES
    1. Cómo seleccionarlas, cómo ponerlas, cómo hacerlas cumplir…
  3. MÓDULO 3: AUTOESTIMA Y SENTIMIENTOS
    1. Autoestima: Qué es y cómo se favorece…
    2. Sentimientos: Culpa, Tristeza, desesperación, desesperanza…
  4. MÓDULO 4: COMUNICACIÓN Y ESTILOS EDUCATIVOS
    1. Consecuencias negativas de la sobreprotección, cómo no hacerlo…
    2. Estilos de autoridad, estilos de comunicación…

 El aprendizaje de una habilidad se adquiere con la práctica. Por eso el curso tiene un diseño eminentemente práctico, y se contará con todos los recursos pedagógicos que sean necesarios para el logro de los objetivos marcados.

La familia es el primer entorno social que enseña al niño las bases de la vida humana, en una dinámica de interacciones recíprocas basadas en la comunicación”.

  • LUGAR: Fundación Álava Reyes. C/ Caleruega  67, 28033 Madrid.
  • HORARIO: cuatro martes, de 19:00 a 20:30.
  • Nº DE PADRES: entre 6 y 10.
  • FORMADOR:  Psicólogo de la Fundación Álava Reyes.
  • PRECIO:  75€ por jornada.
  • CÓMO INSCRIBIRSE:
    • Por teléfono: 91 766 70 28
    • Por mail : info@alavareyes.com
  • FORMA DE PAGO:

Transferencia bancaria. CC: 2085 9980 99 0330068639 Entidad: Ibercaja. Titular: Álava Reyes Consultores SL

Los padres perfectos… ¿existen? Por Sara Ríos

¿Estaré siendo demasiado duro con él? ¿Será culpa mía que sea tan malo en los estudios? ¿Lo estaré haciendo bien? Continuamente, llegan a consulta padres excesivamente culpabilizados y desesperados por no ser capaces de ayudar a sus hijos, porque pierden la paciencia fácilmente con ellos o porque piensan que lo que les pasa a sus hijos se debe a comportamientos o comentarios de ellos.

padres perfectos

Es cierto que en ocasiones esto puede ser verdad, puede que pierdan los nervios rápidamente o que, de vez en cuando, les griten o pongan castigos excesivos. Sin embargo, cuando llegan muy preocupados por si están o no influyendo en el problema, lo primero que se le suele dejar claro, es que los padres NO SON PERFECTOS. De hecho, el ser humano por naturaleza no lo es. Todos perdemos los nervios en algún momento y, a veces es difícil aguantar las ganas de gritar a nuestros hijos.

Al nacer, los niños no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo, por lo que es normal que haya situaciones que no sepamos abordar correctamente, todos nos equivocamos. Además, hay situaciones que aunque un amigo nos cuente que con su hijo funciona, puede que con el nuestro no sea así. Por tanto, no hay que culpabilizarnos cuando no podemos pasar tiempo excesivo con ellos porque estamos trabajando, porque un día le damos más dulces de los que nos recomiendan, porque no hacemos lo mismo que hacían nuestros padres con nosotros,…

Sin embargo, es natural estar preocupados por no saber cómo manejar algunas situaciones. Lo primero a tener en cuenta, es la importancia que tiene reconocer esto ya que es un paso muy importante para detectar el problema y ponerle solución de una manera más efectiva.

A continuación, se proponen algunos consejos que son recomendables tener en cuenta a nivel general:

  • Cuanto más les gritamos y más nos enfadamos, peor nos sentimos nosotros y menos efectivo es. Por lo que intentemos estar en esos momentos serios y firmes pero sin entrar en discusiones ni gritos.
  • Igual que los padres no son perfectos, los hijos tampoco lo son. Por tanto, evitemos ponerles etiquetas negativas del tipo “eres un torpe”, “eres el peor de la familia”,…
  • Es importante poner límites y normas a los niños para que aprendan a autocontrolarse y a enfrentarse al mundo que les rodea lleno de normas.
  • A pesar de que a veces los niños tengan comportamientos negativos, es importante reforzarles cuando hacen las cosas bien. (“Me gusta mucho cuando me ayudas”, “¡qué bien lo haces!”, “¡Me gusta cuando te portas así de bien!”).
  • Cada niño es un mundo, por lo que a lo mejor lo que funciona para algunos, no es efectivo para otros, por lo que no hay que frustrarse si lo que nos recomiendan los demás que hagamos no nos funciona.

Finalmente, un último consejo: si, a pesar de intentar esto seguimos sintiéndonos inseguros con lo que hacemos o no somos capaces de controlar los gritos y lo pasamos mal, no hay que dudar en acudir a un especialista que nos ayudará a encontrar la solución. Pero recordemos: NO EXISTEN LOS PADRES PERFECTOS NI TAMPOCO LOS HIJOS PERFECTOS, así que no hay que ver como una debilidad pedir ayuda a un especialista; todo lo contrario, al hacerlo, lo que estamos intentando es ser buenos padres por preocuparnos en solucionar el problema y que el clima familiar sea mejor.

 

Sara Ríos GilSara Ríos Gil

Psicóloga Sanitaria

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«La Vida es demasiado importante como para tomársela en serio» (Oscar Wilde) Por Gema Valenzuela

Deseo invitarte a realizar un ejercicio conmigo. Siéntate cómodamente y sigue leyendo. Inspira profundamente…

felicidad

Recuerda aquella canción que siempre que la escuchas te saca una sonrisa. Aquella que te transporta a ese viaje tan especial que hiciste hace unos años pero puedes recordar como si fuera ayer. Aquella que por un momento, saca lo mejor de ti. La que te hace olvidar lo que desafinas y mete tu vergüenza en un cajón.

Mejor que recordar, ponte a escucharla.

¿Qué ha ocurrido dentro de ti? ¿Cómo te encuentras?

El objetivo de este sencillo ejercicio consiste en hacerte sentir mejor por un instante. Claro que te sigue agobiando lo que te agobia, preocupando lo que te preocupa y dándote miedo lo que te da miedo. Pero por un momento todo eso se ha hecho más pequeño porque han aparecido emociones agradables dentro de ti.

Durante muchos años la Psicología se ha centrado en el estudio de otro tipo de emociones tales como la tristeza, la rabia o la culpa. Esto es lógico teniendo en cuenta el sufrimiento que pueden generar.

Pero, ¿cuál es la importancia de las emociones positivas y su estudio dentro de la Psicología? ¿Qué nos aporta este conocimiento? ¿Podrían estas emociones ejercer un impacto importante sobre nuestra salud física?

La Psicología Positiva, definida como: “El estudio científico del funcionamiento humano óptimo” (Ken Sheldon, Barbara Frederickson, Kevin Rathunde, Mike Csikszentmihalyi, Jon Haidt, 1999) puede responder a estas y otras preguntas relacionadas con el bienestar del ser humano.

Una de las emociones más estudiadas dentro de esta corriente es el sentido del humor. Para Martin Seligman, gran investigador y divulgador de la Psicología Positiva, es una de las fortalezas del ser humano. Sin duda, esta capacidad y la risa como su máxima expresión, es una de las experiencias más placenteras para el ser humano.

¿Sabías que, además, tiene efectos directos sobre nuestra salud?

El Doctor Lee Berk, profesor de patología en la Universidad de Loma Linda, en California, realizó una serie de estudios que incluían el análisis de muestras de sangre en sujetos antes y después de visionar vídeos cómicos y los compararon con las de un grupo que no los visionó. Berk descubrió importantes reducciones en las concentraciones de hormonas de la tensión y un incremento en la respuesta inmune de quienes vieron los videos. Otros efectos del humor sobre nuestra salud son:

  • La risa disminuye el estrés y la ansiedad.
  • El sentido del humor fomenta el buen ánimo que ayuda a sobrellevar una enfermedad.
  • Previene algunas enfermedades mentales como la Depresión.
  • El sentido del humor contribuye a tener una percepción menor de dolor subjetivo.
  • Es potenciador de otras emociones positivas.
  • Fomenta las relaciones sociales positivas, nos acerca a otras personas y nos hace parecer más atractivos.

  ¡Recuerda!: El mejor propósito para el 2017 puede ser aumentar tu sentido del humor. Rodéate de gente que te haga reír y hazlo también de ti mismo de vez en cuando. Nunca mejor dicho podemos decir que la risa es “la mejor medicina”.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=VgZweZlqAq0]

Gema ValenzuelaSi quieres realizar alguna consulta, o crees que necesitas mejorar tu estado de ánimo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Gema Valenzuela

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La Herida que Sana. Por David Lanzas

Hoy vamos a hablar de heridas. Seguramente te hayas caído un par de veces antes de montar en bicicleta con soltura y, puede que no lo recuerdes, pero tus manos se han desollado más veces de lo que te gustaría admitir. Yo, por ejemplo, tengo una cicatriz en la rodilla que me recuerda que no es buena idea tirarme de cabeza en el tobogán del parque. Evidentemente ya no tengo edad de subirme al tobogán, pero si lo volviera a hacer (no lo descarto), mi cicatriz, mi querida cicatriz, estaría ahí para decirme, con su silencio, cómo caer con los pies en el suelo.
Es curioso como las heridas forman parte de nuestra historia, la herida del dedo que te recuerda que el ajo se corta con un cuchillo más pequeño, la de la barbilla que te dice que ya es hora de cambiar la cuchilla de afeitar, el chichón que te grita “levanta la cabeza del móvil y esquiva esa farola” o la cicatriz de apendicitis que te llevó a estudiar medicina. Son muchas las heridas, cicatrices, contusiones y brechas que componen nuestra historia y todas ellas tienen dos cosas en común: Duelen y nos enseñan algo.

el-mundo-es-de-los-valiente David Lanzas

La mayoría de pacientes acuden a consulta deprimidos o ansiosos, sintiéndose poco válidos, perdidos y con una amalgama de emociones que en ocasiones les supera. Son muchos los que temen caerse y sangrar. Convencidos de que lo más sensato es permanecer en un entorno seguro, acuden en busca de lo que ellos describen como “aumentar la autoestima”. Quizás, al principio, les cueste entender que para crecer primero hay que tolerar el fracaso y que esto es muy difícil si hemos construido una red de seguridad que nos protege de cualquier frustración. ¿El resultado? Personas profundamente inseguras.
Vivimos rodeados de mensajes que nos dicen que tenemos que triunfar en todo, estar contentos y que si algo malo sucede será insoportable. Casi sin darnos cuenta, vivimos con miedo a caernos. Fruto de este miedo nos cuesta iniciar proyectos nuevos, intentar cosas que en su día fallaron o perdonar a personas que nos hicieron daño. “No te muevas, no corras riesgos, puedes caerte y te dolerá” Así, día tras día, somos presa del miedo, miedo a fallar, a perder, a amar, en definitiva, miedo a vivir.

Esta dificultad para permitirnos caernos y lastimarnos nos deja paralizados, sin asumir riesgos y a la espera de que las cosas buenas vengan por si solas, dejamos la vida al azar y, gobernados por la ansiedad, nos perdemos una gran cantidad de aprendizajes (y heridas) que nos harían más fuertes. El hueso se convierte en cristal.

Aquí tienes 5 situaciones típicas en las que el miedo a herirnos suele estar a la base.

  • Tras una ruptura amorosa, consideras que la búsqueda de una nueva pareja solo traerá dolor.
  • Dejas escapar oportunidades en las que el éxito no está asegurado.
  • Evitas cualquier situación en la que no te consideres del todo competente.
  • No expresas tu opinión en público.
  • Te cuesta tomar decisiones y las pospones constantemente.

Si te has sentido identificado en alguna de estas situaciones quizás vaya siendo hora de romper esa red de seguridad y exponerte a la frustración, tu autoestima te lo agradecerá. Como en tantas otras áreas de la vida, la recompensa raramente llega sin esfuerzo. Si sudas en el gimnasio para mantenerte en forma, ¿Por qué con la autoestima iba a ser diferente?

Salta, toma la siguiente oportunidad y si te caes, no te preocupes, acabaras levantándote.
El dolor es momentáneo, la herida cicatrizará y el próximo salto será más alto.
Adelante, el mundo es de los valientes.

david-lanzasDavid Lanzas Fernández-Martos

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«La felicidad y la infelicidad dependen de nosotros, no de los demás…» Mª Jesús Álava en el club del diario Faro de Vigo

FARO - María Jesús Álava Reyes

MARTA G. BREA. 30.11.16, VIGO (C.AREAL).- CHARLA – CONFERENCIA DE LA PSICOLOGA MARIA JESUS ALAVA REYES, PRESENTADA POR LA EXCONSELLEIRA PILAR FARJAS.

«La felicidad y la infelicidad dependen de nosotros, no de los demás…»

Abre el archivo adjunto para leer el resto de la noticia en el diario Faro de Vigo, que se hace eco de la presentación del Libro de Mª Jesús Álava «La Verdad de la Mentira» en la ciudad gallega: Faro de Vigo

Mi hijo tiene muchos miedos… ¿Es normal? Por Gema Valenzuela

Carla tiene 5 años. Tiene miedo a las serpientes. Si ve una en la TV, se pone a llorar.

Carmen tiene 9 años, sus padres acuden a consulta porque tiene miedo de nadar en el mar donde no ve el fondo.

Sara, de 4 años de edad, tiene miedo a dormir a oscuras, si no tiene una pequeña luz, no puede dormir.

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El miedo es una emoción innata y fundamental para la supervivencia del ser humano. Tanto es así, que es completamente normal que distintos miedos vayan apareciendo según vamos creciendo. Los miedos de Carla, Carmen y Sara, aunque nos los encontramos en consulta porque vienen sus padres preocupados, son completamente normales para su edad.

Sin embargo, hay veces que el miedo deja de ser funcional y adaptativo y comienza a ser un verdadero suplicio para el niño y sus padres. En estos casos hablamos de fobias, es decir, miedo desproporcionado a una cosa o situación. A veces resulta algo complicado hacer la distinción entre el miedo normal y el patológico. Para hacer esta distinción debemos fijarnos en los siguientes aspectos:

  • Edad del niño.
  • Tipo de miedo o miedos que presenta.
  • Interferencia que supone en la vida diaria.
  • Duración de esta manifestación.

Veamos algunos ejemplos de miedos que deberíamos tener en cuenta:

  • María, 8 años. Miedo a dormir sola, se levanta para meterse en la cama de sus padres: Aunque muchos niños tienen miedo de dormir solos, no debemos permitir que duerman con nosotros de manera habitual.
  • Paloma, 10 años. Presenta mucho miedo a la oscuridad y fuertes pesadillas: Las pesadillas son habituales, pero si se repiten con frecuencia debemos consultar con un profesional y a los 10 años el miedo a la oscuridad suele haber disminuido mucho.
  • Elena, 9 años. Presenta miedo a montar en avión. Aunque lo ha podido hacer en el periodo vacacional con su familia, ha sido a costa de pasarlo muy mal: Hoy en día contamos con tratamientos eficaces para tratar esta fobia que con frecuencia pasamos por alto porque “no montamos en avión todos los días”. Sin embargo, las limitaciones y problemas que puede acarrear no superarla son muy grandes.

 Recuerda: El miedo es una emoción normal y debemos ser conscientes de los mitos que aún giran en torno a esta emoción tan importante, algunos ejemplos son: “Sentir miedo es de cobardes”, “El miedo es una opción”, “Si tienes miedo a perder, no mereces ganar…”. Estas creencias erróneas nos alejan de tener una visión adecuada y por tanto pueden confundirnos en relación a los miedos de nuestros hijos. Si tienes alguna duda en relación a este tema, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Gema ValenzuelaSi quieres realizar alguna consulta en relación a los miedos o a los niños, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Gema Valenzuela

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Mª Jesús Álava en el diario ABC: «Se miente para caer bien, por piedad, para lograr objetivos, manipular…»

«La psicóloga María Jesús Álava Reyes acaba de publicar «La verdad de la mentira»

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17/11/2016 17:33h – Actualizado: 17/11/2016 22:22h.Guardado en: Vida sana

«La verdad de la mentira» es el libro que más le ha costado escribir a la psicóloga María Jesús Álava Reyes. Esta experta se inclinó por escribir sobre este tema al verlo continuamente tanto en consulta, como en los cursos de formación que imparten en su Centro de Psicología Álava Reyes. «Vivimos en una sociedad donde la mentira tiene cada vez más fuerza. Está en auge porque no hay consecuencia para los que mienten. Somos tremendamente tolerantes con ellos y esto hace que los mentirosos vayan avanzando y ganando más espacio en un mundo en el que se premia triunfar por medio de trampas», advierte.

—¿Cómo es el perfil de ese mentiroso casi patológico pero a la vez, exitoso?

—Responde a lo que nosotros llamamos la triada oscura. Es el narcisista, el egoísta, agresivo… Son aquellas personas que son un poco maquiavélicas, que persiguen sus objetivos sin importarles los medios, y que tienen una puntuación alta en psicopatía. Ojo, psicopatía entendida como que no le importa la otra persona. Son egoístas, hacen lo que quieren y se autorizan a realizar cualquier cosa. No se sienten mal cuando abusan o manipulan a otras. Son personas triunfadoras que abusan olímpicamente y encima se autojustifican la mentira.

—Algunas personas pueden pensar que mentir ayuda a conseguir determinados fines.

—Algunas personas pueden pensar que les resultará más fácil conseguir determinados fines si mienten, pero ese es un camino erróneo, que tarde o temprano se volverá en su contra. Porque cuando se descubre la mentira, la primera consecuencia directa es el deterioro de la credibilidad y de la confianza. Todos sabemos que la mentira daña o deteriora las relaciones.

—Si las mentiras están a la orden del día en nuestra sociedad, ¿quienes son las víctimas más habituales?

Los mentirosos abusan de la buena educación que por lo general tienen las personas, y suelen elegir bien a sus víctimas. Los manipuladores, los agresivos… no buscan a alguien como ellos. Escogen a una persona sensible, empática, afectiva, generosa… a la presa fácil, en definitiva.

—Pero de alguna forma la víctima de la mentira, ¿se da cuenta?

—Existe una dificultad intrínseca para detectar señales eficaces de mentira. La gente no suele descubrir al que miente, porque no está preparada para ello, pero en esta sociedad en la que vivimos, o entrenamos para detectar la mentira, o esta inundará nuestras vidas. Al mentiroso se le suele pillar por una contradicción entre lo que ha dicho y los hechos posteriores. ¿Pero qué ocurre aquí? Que incluso cuando lo descubrimos, nos suele resultar violento señalarlo, a pesar de estar viendo al otro crecido y tan campante. La cuestión es que cuando alguien miente debe tener consecuencias para no volver a hacerlo.

—Usted dice en su libro que la mentira está a la orden del día. ¿Qué mentiras son las que más duelen?

—Las mentiras que nos hacemos a nosotros mismos. Nos decimos: «parece mentira lo que me han hecho»… Responsabilizar a los demás de lo que nos pasa es también mentirnos a nosotros mismos, aunque es verdad que muchas personas no son conscientes de esto. Le siguen muy de cerca las que hacemos a los que más queremos: a nuestros hijos, a nuestra pareja… Cuando una persona ha conquistado tu intimidad, es tan sencillo mentirle… Son muchas las manipulaciones que se hacen en el ámbito de la pareja.

—La mentira es tan habitual que usted asegura que mentimos en una de cada cuatro interacciones sociales. ¿Qué motivos nos llevan a ello?

—Mentimos para caer bien, para impresionar, por inseguridad, por humanidad, por ayudar a alguien, para alcanzar objetivos… Lo cierto es que la mayoría de la gente lo hace para manipular… De hecho, desde la psicología sabemos que las mentiras son culpables de gran parte de nuestro sufrimiento.

—Pero la mentira, ¿no es a menudo imprescindible, para no herir a la otra persona?

—Hay pocas mentiras imprescindibles. Es mejor no manifestar o expresar lo que sientes.

—¿No es lo mismo?

—No. No es lo mismo que un amigo sea infiel a una amiga, y no lo digas, a que cuando te pregunten por esta infidelidad, mientas.

—¿Qué hay de las mentiras piadosas, tan aceptadas por nuestra sociedad?

—Sí, hay mentiras que pueden justificarse, incluso que son necesarias si, con ellas, lejos de provocar un daño, evitamos un dolor estéril y un sufrimiento inútil y prolongado, En las mentiras «altruistas» decimos que el emisor intenta «ayudar, favorecer o proteger los intereses de otras personas, o evitar alguna situación desagradable para los demás». Pongamos un ejemplo. Cuando la gente está en situación límite por una enfermedad, debes dar esperanza: «ya verás como puedes estar un poquito mejor», «disfruta de cada día», «intenta vivirlo con ánimo»…. En este caso, decir la verdad puede ser una crueldad. No se puede decir aquello que no se puede asimilar.

—¿Y a los niños?

—Si hay cosas que se les dan fatal, no se lo vas a decir así porque les puedes crear una inseguridad muy grande y repercutir en su vida presente y futura. En estas situaciones decir la verdad de nuevo es una crueldad. Lo recomendable sería poner el foco en lo que se les da bien.

—¿No hay, por tanto, mentira buena?

—Pocas. Muchas veces es mejor callarse, no expresar tus sentimientos. ¿Para qué, si con ello solo se logra un nivel de agresividad y crispación tremenda? ¿Qué se adelanta con eso?